Luis Ramírez expuso las violencias que enfrentan los periodistas que van desde las presiones de la delincuencia, pasando por la violencia laboral y hasta los crímenes
-Han atendido a 50 reporteros y a tres familiares de periodistas asesinados anteriormente por el riesgo que corrían, se les dieron escoltas, tres fueron reubicados por amenazas, también les han dado chalecos antibalas
Ángeles González Ceballos
Xalapa, Ver., Luego de reconocer que grupos de la delincuencia ejercen presión para silenciar e imponer sus agendas informativas a medios y periodistas independientes, el presidente de la Comisión Estatal de Atención y Protección a Periodistas (CEAPP), Luis Orencio Ramírez Vaqueiro, opinó que el periodismo es una vocación agotadora y mal pagada por lo que venden productos y hasta venden mole los domingos.
Durante su comparecencia ante las y los diputados, definió que el periodismo es una profesión de alto riesgo que implica enfrentar agresiones y aunque no se puede situar dentro de la misma violencia estructural del pasado, reconoció que no se puede ocultar que persista, particularmente en algunas regiones.
“De la Entidad y abro un paréntesis. Lamentablemente, los hechos ocurridos el pasado 8 de enero en Poza Rica son el signo inequívoco de que los poderes fácticos les molesta la información veraz. Desde la CEAPP elevamos un exhorto enérgico para que las autoridades competentes investiguen de manera expedita y den con los responsables de ese atentado criminal”, exigió.
Agregó que el asesinato del reportero de la nota roja, Carlos Castro, registrado el pasado 8 de enero, no debe quedar impune.
“La violencia contra los comunicadores que prevaleció en los años más oscuros del periodismo veracruzano 2004-2018, así como la asociación de agentes estatales de más alto nivel y grupos generadores de violencia, se fracturó. No obstante, hay regiones en la Entidad donde la sombra de grupos delincuenciales, ciertamente no con la misma intensidad del pasado, ejercen presión para silenciar e imponer sus agendas informativas a medios y periodistas independientes”, sostuvo.
Ramírez Vaqueiro expresó que no deja de sorprender que la mayoría de las agresiones o intimidaciones a periodistas provengan principalmente de funcionarios o corporaciones municipales, de políticos locales que se ven expuestos por el trabajo de los reporteros.
Por lo que aceptó, hay una tarea pendiente por abordar, por un lado, la necesidad de establecer interlocución y sensibilización al problema, creando protocolos de seguridad; entrenamiento y estándares éticos para el trato de los profesionales con las nuevas autoridades locales que recientemente entraron en funciones y, por el otro, la creación de redes de protección a los comunicadores.
Definió que un problema adicional a lo largo del primer año de la administración estatal que se ha puesto en evidencia es la subsistencia de la vulnerabilidad laboral de los comunicadores.
Por lo que además de la violencia hacia los medios y comunicadores, el otro problema sustantivo que enfrenta el periodismo veracruzano, es el cambio de paradigma de la manera en cómo se informa a la población, de lo impreso a lo digital que no se ha visto reflejada en la mejora en las condiciones de trabajo y que sean más favorables para los reporteros.
El también reportero de radio dijo que al periodista se le agrede cuando se le percibe vulnerable en el límite de la línea de pobreza, sin una red de protección social con múltiples empleos para sobrevivir y proveer a su familia, cuando el medio o los medios para los que trabaja no le ofrecen un salario digno o mínimas prestaciones sociales.
“¿Y por qué agreden a los periodistas?, porque no hay consecuencias inmediatas a los actos contra los reporteros, porque la impunidad es persistente, particularmente en el ámbito local.
La pluriactividad, realizar varios trabajos para sobrevivir es parte de la condición del periodismo en Veracruz. Trabajar en 2 o 3 medios es una práctica recurrente, redactar notas para la prensa, hacer en vivos para las plataformas, vender publicidad, relacionarse con la prensa nacional para tener visibilidad, porque la protección no está de más”, expresó.
Por ello, consideró que dedicarse al periodismo es una vocación agotadora, un oficio que ennoblece el espíritu, pero que pocas veces retribuye una parte significativa de los comunicadores en Veracruz.
Fue ahí donde señaló que los comunicadores subsisten de actividades distintas a su oficio, trabajan dobles jornadas, venden productos, emprenden sus propios micronegocios y a manera de guasa “hasta venden mole los domingos”.
El funcionario afirmó que hay una baja significativa en el número de reportes de agresiones a reporteros durante el 2025 en comparación con periodos “álgidos” de violencia en Veracruz, lo que les ha llevado a plantear que además de la atención y protección a periodistas, deben reforzar la libertad de expresión y el derecho a la sociedad de estar mejor informada, lo que significa impulsar más activamente el trabajo del periodismo de investigación, del narrativo, de la formación de distintas modalidades de aprendizaje, de la tutoría de jóvenes comunicadores que se inician en la profesión y la comisión, la cuestión gremial, entre otros.
Detalló que en 2025 recibieron 391 reportes de periodistas, quienes tienen su residencia en al menos 52 municipios, de los cuales 79 fueron por agresiones ocurridas en 19 municipios.
A esos, se les clasificó en: 13 agresiones verbales, 24 agresiones físicas, cuatro agresiones patrimoniales y agresiones digitales que se subdividen en 13 amenazas telefónicas y 25 ataques a través de redes sociales.
Respecto de la protección a periodistas en situación de riesgo, puntualizó que han atendido a 50 reporteros y a tres familiares de periodistas asesinados anteriormente y que ya habían sido favorecidos, pero se les renovaron los beneficios.
Dos informadores más cuentan con expediente de 2024 y fueron nuevamente beneficiados con medidas por el riesgo que representaban.
Detalló que a esos 50 periodistas y tres familiares de periodistas asesinados se les practicaron medidas de protección: 34 enlaces y rondines, dos solicitudes de escolta, tres reubicaciones por amenazas, así como la asignación de chalecos antibalas, tres apoyos económicos.
Luis Ramírez manifestó que la acusación de terrorismo en contra de un reportero en Coatzacoalcos, así como el asesinato de Carlos Ramírez Castro en Poza Rica, el crimen de la comunicadora Avisack Douglas o la desaparición del reportero de Pánuco desde abril de 2025; manifiestan que la impunidad sigue cabalgando entre el gremio.
“Pedimos imperiosamente a la Fiscalía General del Estado que actúe conforme a Derecho y que los casos se esclarezcan y no queden sin castigo.
En Veracruz existe un enorme talento para el registro y la crónica puntual de lo que pasa en nuestras ciudades y comunidades que está desperdiciado porque un reportero promedio debe de entregar entre cinco y seis notas diarias para poder obtener, si acaso, un ingreso quincenal de tres o cuatro mil pesos”, señaló.
Por lo que además de la vulnerabilidad del trabajo periodístico en Veracruz, existe una segunda “bestia negra”, un “leviatán” que habita entre los reporteros hace ya mucho tiempo y que se ha terminado por normalizar y que es la violencia laboral, socialmente aceptada.
“Hablamos de las condiciones de precariedad en las que se lleva a cabo el trabajo de informar”, indicó.









