Batas blancas y pacientes sin medicamentos
Salud y enfermedad, verdad o mentira: todo depende del cristal con que se mira. Pero hay realidades que no pueden esconderse detrás de un comunicado: cuando un paciente necesita un medicamento y no lo recibe, el problema deja de ser político y se convierte en un asunto de dignidad y de vida.
La salud es uno de los pilares fundamentales de cualquier sociedad. Por eso resulta preocupante que las denuncias por falta de medicamentos, material de curación o suspensión de cirugías sean respondidas desde el discurso oficial como una supuesta “campaña negra” o “campaña de odio”.
El titular del IMSS-Bienestar en Veracruz, Roberto Ramos Alor, ha señalado que detrás de estas críticas existen intereses políticos. Puede ser que algunas denuncias tengan un componente político; eso corresponde demostrarlo. Pero hay una pregunta que permanece: ¿qué pasa con el paciente que necesita hoy su medicamento?
Porque en los hospitales no se cura a nadie con comunicados.
Si existen medicamentos almacenados en bodegas, como se ha señalado, la pregunta es sencilla: ¿por qué no están llegando oportunamente a los hospitales? Y si no existen, entonces la pregunta es todavía más seria: ¿por qué no se están adquiriendo y distribuyendo?
En cualquiera de los dos escenarios, quien termina pagando las consecuencias es el paciente. Las voces de familiares, médicos y enfermeras no deberían ser automáticamente descalificadas como “grilla” o parte de una campaña. Una institución pública debe tener la capacidad de escuchar las críticas, investigar los señalamientos y corregir aquello que esté fallando. La crítica sustentada no debilita a una institución; puede ayudarla a mejorar.
Y mientras tanto, afuera de una farmacia puede estar el conocido Dr. Simi bailando y anunciando medicamentos. La imagen parece anecdótica, pero encierra una contradicción que invita a reflexionar: mientras unos esperan vender medicamentos, otros esperan que el sistema público se los proporcione.
No se trata de defender al Dr. Simi ni de atacar al IMSS-Bienestar. Se trata de algo mucho más básico: un paciente no debería tener que decidir entre comprar con su propio dinero un medicamento o esperar a que el sistema de salud se lo entregue.
Desde un escritorio se pueden presentar cifras y emitir comunicados. Desde una cama de hospital, la realidad se mide de otra manera: en una receta que no se surte, una cirugía que se pospone o peor aún que diga el propio titular del IMSS que no se opere, una familia que tiene que hacer una colecta para comprar lo que debería estar garantizado.
Por eso, la mejor manera de demostrar que no existe una “campaña negra” no es confrontando a quienes denuncian. Es demostrando resultados.
Que haya medicamentos. Que haya insumos. Que las cirugías se realicen. Que el personal tenga herramientas para trabajar y que el paciente deje de ser el último eslabón de una cadena de explicaciones.
Porque la enfermedad no entiende de partidos políticos ni de discursos. Cuando una persona está enferma, poco importa quién ganó la discusión. Importa quién le dio la medicina.





