CRÓNICAS, RELATOS Y LEYENDAS DE ATOYAC, VER.
2 de febrero de 2026.
Día 33 de 365. La aventura continúa…
Serie: LEYENDAS DE ATOYAC Y LA REGIÓN..
Nuestra región, está parte escondida entre bosques, cafetales y cañaverales está llena de grandes historias, y de leyendas, de esas narraciones fantásticas, que fueron pasando de boca en boca; y hoy empezamos con esta serie donde las conoceremos y que mejor con esta leyenda que tiene más de 160 años.
Y de pronto se escuchó.
Kyrie, eléison. Kyrie, eléison.
Christe, eléison. Christe, eléison.
Kyrie, eléison. Kyrie, eléison.
Sancta Maria, ora pro nobis.
Sancta Virgo Virginium, ora pro nobis…
Así comenzaba el canto, grave y profundo, como si la tierra misma respondiera al rezo.
Corría la década de 1870 y en el viejo Trapiche de Segura conocido como Hacienda El Potrero, el aire se impregnaba de incienso, cera derretida y fe antigua.
Las letanías subían al cielo entre voces cansadas pero devotas, mientras la imagen de la Virgen de la Candelaria, finamente tallada en madera por manos artesanas del lugar, aguardaba su destino.
Pater de caelis, ora pro nobis.
Deus, miserére, ora pro nobis…
El sacerdote, venido desde Córdoba, dio la orden solemne.
Brazos firmes levantaron la tarima y la Virgen fue colocada sobre los hombros de aquellos hombres, descendientes de cimarrones africanos, en andas, como se dice coloquialmente, la Virgen de la Candelaria abandonó la capilla rumbo al camino real, el propósito era claro: llevarla hasta la hacienda de La Concepción, la vereda se abría entre cañaverales y silencios, y la procesión avanzaba lenta, acompañada de murmullos y rezos.
Pero de pronto, algo ocurrió.
Antes de dejar la comunidad, los hombres se detuvieron, el peso se volvió imposible, no era cansancio ni descuido: la Virgen pesaba más… demasiado más, la bajaron al suelo con respeto y temor.
La Virgen pesa mucho… no podemos seguir, dijeron.
Por disposición del sacerdote, regresaron, la Virgen aligero su peso, al día siguiente, y al otro, y al otro intentaron de nuevo, siempre el mismo punto, siempre el mismo misterio, ahí, donde el camino parece dudar, la Virgen se volvía inamovible, como anclada a la tierra.
La Virgen no quiere irse… quiere quedarse en el pueblo, susurraban las vecinas.
El rumor llegó al oído del sacerdote, no como chisme, sino como señal.
Entonces decidió devolver la imagen a la capilla, ofició misa solemne, encendió cirios y, entre rezos y silencios densos, tomó una determinación que cambiaría la historia del lugar:
La Virgen de la Candelaria debía quedarse, y se quedó, y fue declarada patrona de la hacienda El Potrero.
Desde entonces han pasado cerca de ciento sesenta años.
Y cada 2 de febrero, en la Congregación de Potrero Viejo, la historia vuelve a caminar, arcos multicolores se alzan como promesas, el tapete de aserrín tiñe el suelo de fe y paciencia, la feria despierta risas, y el baile reúne a propios y extraños.
La Virgen milagrosa de la Candelaria sigue ahí, mirando desde su altar, como quien sabe algo que los hombres apenas sospechan.
En el altar mayor resplandece un retablo antiguo, la tradición dice, y la tradición en Potrero Viejo nunca habla en vano, que fue donado por Maximiliano y Carlota, emperadores de México, verdadero o no, el retablo guarda siglos de oración, de súplica y agradecimiento.
Recordemos que la Hacienda El Potrero y su capilla de la Virgen de la Candelaria fueron el antecedente del actual ingenio El Potrero y que compartimos vivencias, historia y tradición.
Y porque hay imágenes que no se mueven… no por peso, sino por voluntad divina y aquí, en Potrero Viejo, fue donde la fe decidió quedarse.
Recopilador: Nazario Guadalupe Cebada Morales







