04-02-2026 01:15:11 pm
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La delgada línea entre mi opinión y la tuya.Por Julio Vallejo

El celular como escudo y espejo.

La conducta viral ante un hecho vial. Al ir caminando por la calle, escucho un fuerte golpe, volteo a la izquierda y me percato de que hubo un accidente. Una persona se baja rápidamente del auto y, antes de preguntarle a la otra si se encontraba bien, lo primero que hizo es empezar a grabarla.

La otra persona, media atolondrada, pensé que reaccionaría llamando a una ambulancia para ser atendida, pero ¡oh, sorpresa!, también sacó su celular para grabar a quien hacía lo mismo. Al estar los dos fuera de sus vehículos accidentados, la escena parecía una batalla épica, donde ambos con celular en mano, se amenazaban mutuamente.

En esta urgencia por documentar, olvidamos la cortesía básica, la empatía y la
posibilidad de ofrecer ayuda inmediata. El celular nos protege legalmente, sí, pero nos aísla humanamente. El celular se ha convertido en nuestro escudo digital y, paradójicamente, en el espejo que refleja nuestra fragmentación social. La
normalización de esta conducta nos recuerda que, en el asfalto del siglo XXI, el
primer impulso ya no es negociar, sino documentar para la posteridad digital.

En esta era digital existe una tendencia generalizada a grabar eventos inusuales. La omnipresencia de los teléfonos móviles ha normalizado el acto
de grabarse mutuamente en cualquier suceso. Este ritual moderno no solo lo utilizan los involucrados, sino también los espectadores, quienes, en lugar de
ayudar o asistir a las víctimas, prefieren documentar el hecho o el acontecimiento.

Es importante aclarar que grabar un incidente público es generalmente legal y
puede ser útil como evidencia; sin embargo, hay gente que va conduciendo y grabando el accidente, y su distracción puede ocasionar otro siniestro más.
Surge la cuestión moral: ¿dónde queda la ética cuando un espectador prefiere el like o la viralidad antes que llamar a una ambulancia? La ley nos permite grabar, pero la moral nos debería obligar a
ayudar.

Por otro lado, este acto es un síntoma de una sociedad que ha transformado la desconfianza y la autoprotección en contenido digital.
Responde a una necesidad pragmática y defensiva, ya que los videos se convierten en la única verdad irrefutable. Grabar a un conductor es un instinto de
supervivencia legal, una forma de asegurar que no pueda mentir y huir impunemente.

Sin embargo, el fenómeno trasciende la mera prudencia y apunta a una desconfianza social más profunda. Además, funciona como un mecanismo de afrontamiento del estrés: la adrenalina de un percance, junto a la lente de un móvil, genera la ilusión de control sobre la situación caótica.
Pero, ¿qué pasaría si un día, del otro lado del lente, estuvieras tú, y lo único que recibes es una cámara en tu cara en lugar de una mano amiga?

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